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El embarazo y la maternidad de Katy

Katy llora en el baño del segundo piso del colegio. Está apoyada sobre sus muñecas en el lavabo, con la cabeza hundida hacia el suelo. Por ratos levanta la cara hacia el espejo, pero inmediatamente se la tapa con las dos manos. Se echa agua en la cara y se seca como puede. Toma impulso para salir y en la puerta se cruza con Renata y Amy, sus mejores amigas.

—¿Qué te pasa? Estás roja, ¡estás llorando! —dicen en coro las chicas.
—Estoy embarazada —les responde como un golpe seco.
La abrazan.
—¿Y si me pasa lo que le pasó a Carmen?
—No, todo va a estar bien. Seguramente tus papás te van a apoyar —dice Amy.
—Pero tienes que hablar con ellos, y con Miguel. Nosotras te apoyamos, estamos contigo —agrega Renata.
—Solo tengo 15 años, ¿qué voy a hacer? —solloza.

Katy ya no quiere hablar más. Se vuelve a limpiar la cara y se reincorpora para no faltar a clase. En el pasillo, mientras camina hacia el salón, se pregunta si Miguel, al enterarse de la noticia, llorará como ella; o si él también sentirá rabia hacia su cuerpo. Se sienta en la carpeta y saca sus libros. Mientras garabatea su cuaderno piensa en su familia, que se ha esforzado tanto para salir adelante con la tienda de ropa cerca de la plaza. ¿Qué le dirán? ¿Los habrá decepcionado?

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Así como Katy, en el Perú, una de cada 10 mujeres entre 15 y 19 años es madre. En el 2019, fueron 122 144 las adolescentes mujeres que vieron profundamente afectadas su salud, educación, oportunidades laborales y planes de vida a partir de un embarazo. Y aunque el porcentaje de adolescentes con hijos en el Perú se ha reducido de 11.9% a 10.1% entre 2007 y 2017, este se ha incrementado ligeramente (de 2.0% a 2.1%) entre las mujeres de 15 años1. Justamente la edad de Katy, que cumplirá 16 años el próximo julio.

Figura 1.1 Mujeres adolescentes con hijos (2007-2017)

Fuente: Censo de Población y Vivienda (2017) Elaboración propia.

Katy y su familia viven en una ciudad de los Andes. En el Perú el 10% de las mujeres que, como Katy, se identifican como quechuas, ya ha tenido un hijo o está embarazada2, pero las tasas de embarazo y maternidad adolescentes son incluso mayores en contextos distintos al suyo. Entre las adolescentes que se auto identificaron como asháninka, shipibo-konibo o awajún, más de la cuarta parte ya ha tenido un hijo.

Figura 1.3 Tasa de maternidad adolescente, según autoidentificación étnica (2019)

Nota: Excluye a las mujeres que no declararon el total de hijos nacidos vivos tenidos. Fuente: Censo de Población y Vivienda (2017). Elaboración propia.

En términos de ingresos del hogar también hay grandes diferencias. En el quintil de menores ingresos la proporción de mujeres en edad adolescente que están embarazadas o ya son madres es 24.9%, mientras que en el quintil más rico esta proporción es solo 3.2%.3

Figura 1.2 Tasa de adolescentes que son madres o están embarazadas, por quintil de ingreso (2019)

Fuente: Encuesta Nacional Demográfica y de Salud Familiar (2019).
Elaboración propia.

Katy sale del colegio y se dirige hacia el negocio de sus papás. Toma el camino al lado del río y en el trayecto sigue pensando mientras ve la corriente bajar hacia ella. Fija su mirada en el agua y busca el reflejo de su cara, sin miedo. Le manda un WhatsApp a Miguel, su enamorado desde hace seis meses, para darle la noticia. ¿Ahora tendría que dejar el colegio?, se pregunta. El año escolar apenas empezaba.

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En el Perú la deserción escolar por causa del embarazo y la dedicación a trabajos domésticos no remunerados se produce en el 13.2% del total de mujeres entre 15 a 24 años que tienen por lo menos un hijo. Según la ENAHO (2019), las mujeres que tuvieron hijos en la adolescencia (MHA) alcanzaron un menor nivel educativo promedio en comparación con las mujeres que tuvieron hijos en su edad adulta. Solo una de cada cinco mujeres que tuvo hijos en la adolescencia logra completar la educación superior, pero entre aquellas que tienen hijos en la edad adulta, una de cada cuatro logra este objetivo. Haber quedado embarazada redujo en 33% la probabilidad de que Katy pueda acceder a la educación superior en comparación con sus amigas Amy y Renata, que quedarán embarazadas pasados los 19 años4.

Figura 2.1 Nivel educativo alcanzado por grupos de mujeres (2019)

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2019. Elaboración propia.

Dentro de unos años Katy comprobará que al no poder continuar sus estudios luego de terminar la secundaria, su salario se estancará alrededor de los USD 2922 mensuales, y que en comparación con Amy y Renata, ella ganará USD XX9 menos por año. Si hubiera podido postergar su embarazo, Katy tendría ese dinero disponible para usarlo en clases de inglés, como hizo Amy, o en prepararse para la universidad, como Renata5.

Figura 2.2 Porcentaje de mujeres que poseen educación superior o posgrado según edad al momento de tener el primer hijo/a

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares. Elaboración propia.

Katy llega a su casa y suelta la noticia sin rodeos. Al comienzo ni la mamá ni el papá pronuncian palabra alguna, luego… ¿cómo, cuándo, quién, por qué? Katy arma oraciones cortas como puede. Tras una larga conversación decide que continuará el embarazo con el apoyo de sus papás, pero tendrá que hacer varios sacrificios. Entre ellos, postergar los estudios. Sin embargo, por ahora, debe buscar asistencia médica para su embarazo.

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En nueve meses, Katy tuvo que asistir a controles de embarazo valorizados en un total de USD 530, y su parto por cesárea tuvo un costo de USD 298. Katy pudo atenderse de forma gratuita a través del Seguro Integral de Salud, pero su embarazo, que no tuvo complicaciones, significó un costo total para el Estado de USD 828. Carmen, una compañera de escuela que salió embarazada un año antes que Katy, no tuvo la misma suerte que ella. El Estado tuvo que financiar intervenciones adicionales para tratar una hemorragia antes del parto (USD 269) e intervenciones contra el bajo peso al nacer de su bebé (USD 782). A pesar de ello Carmen, como otras 34 adolescentes embarazadas en 2019, murió durante el parto a los 16 años6. Si hubiera tenido las herramientas para postergar su embarazo, probablemente hubiera podido vivir hasta los 76. En términos económicos, el fallecimiento de Carmen significó una pérdida de ingresos anuales de USD 3055 por un periodo de 48 años de vida productiva.

Dos años después de dar a luz, Katy, ya con 18 años decide buscar trabajo para solverntar los gastos necesarios para mantener a su hija, pero se enfrenta a nuevas dificultades. Sus ocupaciones domésticas le dejan muy poco tiempo para la búsqueda de empleo, y las horas en las que podría dejar a su hija en el servicio de cuidado diurno no son suficientes para poder aceptar los pocos trabajos que le ofrecen. Decide entonces preparar almuerzos para los trabajadores de su barrio. Eso le permite generar algunos ingresos, pero al no contar con más ayuda que la de sus padres, sus planes de retomar los estudios deben seguir postergándose.

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Con su embarazo, las posibilidades de Katy de tener un empleo y trabajar en el sector formal se redujeron. Aunque ella pudo generar su propio empleo (de subsistencia e informal), más de la cuarta parte de las mujeres que tuvieron su primer hijo en la adolescencia se encuentra económicamente inactiva (26.8%), en comparación con un 19.1% para las que tuvieron hijos en la edad adulta. Entre las mujeres económicamente activas las tasas de desempleo e informalidad son también más altas para aquellas que tuvieron su primer hijo antes de los 19 años. Por su parte, Amy y Renata, que fueron madres después de los 19, tienen una mayor probabilidad de encontrarse económicamente activas y empleadas.

Figura 4 Condición de actividad, empleo y formalidad laboral de mujeres según edad al nacimiento

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2019. Elaboración propia.

Katy tiene ya 28 años y continúa vendiendo menúes cerca de su casa. ¿Podría conseguir un mejor trabajo? Lo había intentado en los últimos años, pero aunque su hija ya va al colegio y eso le da un poco más de tiempo, durante estos años, su menor capacidad adquisitiva y de ahorro, y sus esfuerzos por priorizar el desarrollo de su hija no le permitieron acumular habilidades para mejorar su empleabilidad. Por eso durante el resto de su vida activa los trabajos a los que Katy podrá acceder tendrán una remuneración que, en promedio, será USD 599 menos por año que las de sus amigas Amy y Renata, y que otras mujeres que quedaron embarazadas en edad adulta.

Figura 5.1 Ingreso laboral promedio anual de mujeres según la edad a la que fueron madres

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2019. Elaboración propia.

Ocurre que las madres que tuvieron hijos en la adolescencia empiezan a trabajar más rápido que las que se convirtieron en madres en la edad adulta, pero al verse obligadas a reducir la inversión en su propio capital humano (educación y salud), sus salarios son menores a lo largo de su vida7. Esto significa que si Katy hubiera podido postergar su embarazo cuatro años, por ejemplo, en los 48 años de vida productiva que hubiera podido tener, habría acumulado USD 28 752 adicionales8. Con ese dinero Katy hubiera podido comprarse una pequeña vivienda, financiar su carrera universitaria, o simplemente mejorar las condiciones materiales de vida de su hija.

Figura 7.1 Costos totales anuales del embarazo adolescente asumidos por la adolescente, a nivel individual

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2019. Elaboración propia.

En comparación con Amy y Renata, que lograron postergar su embarazo hasta después de los 19 años, Katy acumuló costos a lo largo de su vida por un total de USD XXXX. Estos corresponden a USD XXXX por costos de oportunidad de no haber podido aumentar su nivel educativo, USD XXXX por costos de oportunidad de la actividad laboral, USD XXXX por costos de oportunidad del empleo y USD XXXX por costos del ingreso laboral. Si ella hubiera perdido la vida durante el parto, como le sucedió a Carmen, se hubieran acumulado costos adicionales por pérdida de ingreso laboral por USD XXXX.

El embarazo y la maternidad temprana de Katy también significaron costos para el Estado en atención de salud y en ingresos fiscales no percibidos. Por un lado, Katy generó costos por USD 828 en atenciones de salud relacionadas con su embarazo y parto. Por otro lado, la disminución de su actividad económica como consecuencia del embarazo generó que el Estado deje de percibir ingresos por un total de USD 170 anuales por concepto de IGV e impuesto a la renta.

La historia de Katy podría ser la de una de cada diez adolescentes quechuas que enfrentan embarazos prematuros en Perú. En adelante, la vida será más complicada para ella ya que su maternidad temprana aumentó sus probabilidades de caer en pobreza y transmitirla a su hija, así como de enfrentar escenarios de desigualdades sociales y de género durante su vida.


Los costos a nivel agregado

Katy es un personaje ficticio construido sobre la base de valores promedio, modales y aproximados de las 81 240 historias reales de embarazo adolescente en el Perú durante el año 2019. La base para su construcción fue el estudio “Consecuencias socioeconómicas del embarazo y la maternidad adolescente en Perú”, que estimó el impacto económico del embarazo y la maternidad adolescente en la vida de estas mujeres y sus familias, así como en la economía y el desarrollo del Perú.

El estudio forma parte de la implementación de la metodología MILENA 1.0 para estimar el impacto socioeconómico del embarazo y la maternidad adolescente en países de América Latina y el Caribe. La metodología Milena 1.0 mide los efectos del embarazo y la maternidad adolescente sobre cinco dimensiones: (i) educación, (ii) participación laboral, (iii) ingresos, (iv) salud y, (v) sobre los ingresos fiscales no percibidos por impues- tos a nivel agregado; y se elaboró en el marco de la iniciativa regional “165 millones de razones para invertir en adolescencia y juventud” del UNFPA y la planificación estratégica 2017-2022 de Plan International Perú, en el componente de Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos.

Las conclusiones del estudio muestran que las mujeres que tuvieron su primer hijo en la adolescencia presentan una serie de desventajas con respecto a aquellas que lo tuvieron en la edad adulta. Las MHA reciben un ingreso anual 13.8% inferior, tienen mayores tasas de desempleo e informalidad laboral, se desempeñan en actividades económicas y categorías ocupacionales con menores remuneraciones, y alcanzan menores niveles de educación. Además de las dificultades que esto supone en términos de deficiencias de ingresos, poca acumulación de capital humano, dificultades para romper la transmisión intergeneracional de la pobreza, riesgos para la salud y otros aspectos, la cuantificación del impacto económico para el país es de una enorme magnitud.

Los costos de oportunidad totales asociados a la maternidad adolescente en el Perú de 2019 fueron de USD 329 416 367 (1 159 545 612 soles), equivalentes a 0.14% del PBI de ese mismo año. Además de ello, los costos derivados de gastos del Estado en atenciones de salud fueron de USD 57 987 348, y los costos derivados de la menor recaudación tributaria alcanzaron los USD 73 051 374. Estos costos pueden dividirse en seis categorías:

Figura 7.2. Impacto económico total de la maternidad adolescente

Fuente: UNFPA-CDC. Encuesta Nacional de Hogares 2019 y Sistema Integrado de Administracion Financiera 2019. Elaboración propia.

1. Costo de oportunidad de la educación

Considerando las brechas educativas entre las mujeres que tuvieron su primer hijo en la adolescencia y las que tuvieron su primer hijo en la edad adulta, así como los ingresos laborales correspondientes a cada nivel educativo, el estudio estima que el costo de oportunidad de la educación asociado al embarazo y la maternidad adolescente fue de USD 94 millones (260 millones de soles) durante 2019.

2. Costo de oportunidad de la actividad laboral

La proporción de mujeres economicamente activas sobre aquellas que tuvieron hijos en la adolescencia es de 26.8%, 7.7 puntos porcentuales por encima del 19.1% de inactividad entre las mujeres que tuvieron su primer hijo en la edad adulta. El hecho de que el porcentaje de inactividad sea mayor entre las MHA genera un costo de oportunidad anual de USD 109 millones.

3. Costo de oportunidad del empleo

Entre las mujeres económicamente activas, las MHA también tienen una mayor tasa de desocupación (7.7% contra 4.4%) y una mayor tasa de informalidad (81.9% contra 77.4%). Esto genera u costo de oportunidad del empleo que asciende a USD 48 millones.

4. Costo de oportunidad del ingreso laboral

Los ingresos no generados debido a remuneraciones menores de las MHA (USD 3488 anuales, en promedio) en comparación con las que hubieran obtenido si su formación de capital humano no se hubiera visto interrumpida por la maternidad temprana (USD 4047 anuales), alcanzan los USD 73 millones. A nivel regional, los departamentos con mayor brecha de ingresos entre mujeres que tuvieron hijos en la adolescencia y mujeres que tuvieron hijos en la edad adulta fueron Pasco, Puno, Huancavelica, San Martín y Junín.

Figura 5.2 Ingreso promedio anual de mujeres por departamento, según edad al momento de tener el primer hijo

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2019. Elaboración propia.

Sumado a ello se deben considerar los costos económicos de la mortalidad materna, que pueden cuantificarse a partir de los años de vida potencial perdidos. Según el Ministerio de Salud (2019), el número de muertes maternas fue de 309 en 2019, 34 de las cuales ocurrieron en adolescentes. Esto equivale a 1 625 años de vida productiva potencial, que a nivel nacional significan una pérdida social por mortalidad materna igual a USD 5 millones al año.

5. Gastos del Estado en atenciones de salud

A nivel agregado, el gasto público destinado a mujeres de 10 años o menos que reciben atención de salud materna se descompone en cuidados prenatales y durante el parto (USD 25 millones), partos (USD 19 millones), complicaciones obstétricas (USD 0.3 millones), otras afecciones de la maternidad (USD 2 millones) e intervenciones por recién nacido (USD 12 millones). Considerando estas cinco categorías, el gasto de atención en salud de los embarazos en la adolescencia durante 2019 fue de USD 58 millones (204 millones de soles)9.

Figura 3.1 Costos de atención en salud de mujeres en edad adolescente con hijos

Fuente: Sistema Integrado de Administracion Financiera 2019. Elaboración propia.

6. Gastos del Estado por ingresos no percibidos

Los ingresos tributarios no percibidos por el Estado peruano correspondientes a disminuciones en la participación laboral y a ingresos por maternidad adolescente sumaron USD 73 millones en 2019.

Por supuesto, el impacto de la maternidad adolescente es también distinto para los diversos grupos poblacionales. Los costos están recargados principalmente en madres adolescentes que pertenecen a hogares no pobres, que se encuentran en el área urbana y con percepción étnica mestiza, lo que indica que son estos grupos los que requerirán mayor atención de las políticas públicas orientadas a reducir el embarazo y la maternidad adolescente.

Figura 7.3. Desagregación del impacto total de la maternidad adolescente por características de las mujeres y sus hogares

Fuente: Encuesta Nacional de Hogares 2019 y Sistema Integrado de Administracion Financiera 2019. Elaboración propia.

Los resultados de la estimación de los costos socioeconómicos del embarazo y la maternidad adolescente son un llamado urgente a la necesidad de políticas públicas efectivas y basadas en evidencia que contribuyan a la prevención de este grave problema de desarrollo social, de desigualdad de género, de exclusión y de vulneración de los derechos de las personas.

En el 2019 el impacto económico del embarazo y la mortalidad adolescente alcanzó los USD 329 416 367, pero si no logramos reducir el embarazo adolescente en el futuro, la tendencia creciente de los ingresos de los hogares significará que los ingresos perdidos serán cada vez mayores, por lo que los costos de oportunidad del embarazo adolescente crecerán exponencialmente. Por ello, el estudio presenta también un conjunto de recomendaciones de política para los diversos actores responsables de la prevención del emebarazo y de la maternidad adolescente en el Perú.

Tabla 1. Recomendaciones basadas en evidencia

Estrategias Puntos Clave
Fortalecimiento de las políticas y los servicios de salud pública Priorizar y fortalecer la efectividad de la política y los programas de prevención del embarazo adolescente por medio de la implementación de intervenciones efectivas basadas en evidencia
Garantizar la continuidad y/o el restablecimiento de los servicios de salud sexual y reproductiva en el contexto de la pandemia de Covid-19
Fortalecer los servicios diferenciados de salud integral de adolescentes
Suministrar de manera gratuita métodos anticonceptivos modernos
Prevención de un posible segundo embarazo
Ampliar la cobertura de los servicios de atención prenatal, de parto y postparto
Ampliar el acceso a atención obstétrica de emergencia
Asegurar que las adolescentes y sus familias estén preparadas para el par- to y otras emergencias
Remover barreras administrativas para facilitar el acceso al aborto tera- péutico
Informar a los miembros de la comunidad sobre la importancia de la atención prenatal y postparto
Medidas para la mejora de servicios de educación para adolescentes embarazadas y madres adolescentes Garantizar el acceso a la educación pública de calidad de todas las niñas y adolescentes a nivel nacional
Garantizar la educación sexual integral en el currículo de la educación básica regular
Desarrollo de competencias, aspi- raciones socioemocionales y reforzamiento de habilidades blandas
Garantizar la reinserción escolar de niñas y adolescentes por situación de embarazo y/o maternidad
Garantizar la continuidad de la educación básica en el contexto de la pandemia de la Covid – 19
Sensibilizar a la comunidad educativa en la situación del embarazo en la adolescencia
Medidas para la mejora de servicios de inserción laboral para adolescentes embarazadas y madres adolescentes Garantizar el acceso a madres adolescentes en la inserción laboral.
Brindar medidas de apoyo y facilidades para madres adolescentes para combinar la vida laboral y familiar.
Ofrecer a las madres adolescentes una propuesta de capacitación que coadyuve en la generación de posibilidades formativas y productivas.
Medidas para la mejora de servicios de protección social para adolescentes embarazadas y madres adolescentes Garantizar la protección de todas las niñas y niños a nivel nacional
Fortalecer el sistema de administra- ción de justicia por el cual se asegura que la penas por condenas de viola- ción y abuso sexual sean efectivamen- te aplicadas
Empoderar a las niñas y adolescentes
Promover normas sociales que condenen la coacción en las relaciones sexuales

Elaboración propia.

Puedes revisar el estudio completo aquí.


  1. CNPV 2017↩︎

  2. CPV 2017↩︎

  3. ENDES 2019↩︎

  4. En el área urbana el efecto de haber tenido algún hijo en los últimos tres años reduce en 33% la probabilidad de acceder a educación superior, mientras que en el área rural esta probabilidad se reduce en un 39% (Mendoza y Subiria 2013)↩︎

  5. ENAHO 2019↩︎

  6. Ministerio de Salud - MINSA (2019) Boletín Epidemiológico del Perú (Volumen 28. SE 52. Semana Epidemiológica del 22 al 28 de diciembre). https://www.dge.gob.pe/epipublic/uploads/boletin/boletin_201952_30_095358.pdf↩︎

  7. Tobar, F. et. al. (Abril 27, 2021). Consecuencias socioeconómicas del embarazo y la maternidad adolescente en Perú [Conferencia]. Presentación de los resultados del estudio Milena 1.0 - UNFPA. Perú. https://www.youtube.com/watch?v=0pCqyVLoirY&t=4035s↩︎

  8. ENAHO 2019↩︎

  9. SIAF 2019↩︎